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Guía · Hice mi bonsái

Clorosis en bonsái: cuando la hoja nueva amarillea y las venas no

Por Emmanuel Sato, autor de Hice mi bonsáiActualizada el 7 de octubre de 20265 min de lectura

La clorosis en bonsái se reconoce en la hoja nueva: amarillea y las venas siguen verdes, en un árbol bien regado y bien abonado. Lo más común es hierro bloqueado por agua dura. El hierro quelatado la corrige en días y el agua acidificada la corrige de fondo. Antes hay que descartar las otras hojas amarillas.

Olmo chino en bonsái en una maceta marrón sobre una banca de madera en un patio, con las hojas nuevas de las puntas amarillas y las venas verdes, las hojas de dentro verde oscuro y una costra blanca en el borde de la maceta

Clorosis en bonsái: la hoja nueva que sale amarilla

La brotación llega y los brotes salen pálidos. Las hojas de abajo siguen verde oscuro, el árbol no pierde fuerza y tú riegas cuando toca. Pero cada hoja nueva abre amarilla, con una red de venas finas que se quedan verdes.

El libro dibuja esa hoja en una lámina del capítulo VI y le pone nombre: clorosis férrica. La hoja nueva amarillea y las venas siguen verdes. Y añade el dato que orienta el diagnóstico: donde el agua es dura, el culpable suele ser el agua.

Lo raro del cuadro es el lugar. Si faltara nitrógeno, que se mueve dentro de la planta, el árbol lo mostraría abajo, en las hojas viejas. Esta sale arriba. Esa diferencia tiene una regla detrás.

Hoja nueva u hoja vieja: la regla que acierta la mitad de las veces

Algunos nutrientes viajan dentro de la planta y otros se quedan donde llegaron. Cuando un elemento móvil escasea, el árbol lo saca de las hojas viejas para mandarlo a las nuevas, y la carencia se ve abajo. Cuando no es móvil, el árbol no puede reubicarlo, y la carencia se ve arriba, en el brote nuevo.

De ahí sale la lectura rápida del libro. Hoja vieja amarilla: nitrógeno, magnesio o potasio. Hoja nueva amarilla: hierro, manganeso o azufre. Con esa sola regla, dice, aciertas la mitad de las veces.

La otra mitad se afina mirando el dibujo de la hoja. El hierro deja hojas nuevas amarillas con venas finas verdes, y es la carencia más común donde el agua es dura. El manganeso da una clorosis parecida en hoja nueva, con puntos muertos. El azufre pone la hoja nueva de un amarillo pálido uniforme, como falta de nitrógeno pero arriba. El magnesio amarillea entre las venas de las hojas viejas. Y hay más señales arriba: el zinc deja hojas nuevas pequeñas, en roseta, con entrenudos cortísimos, y el boro mata los ápices y deja la hoja nueva gruesa y quebradiza.

El Tomo I junta esas lecturas en una lámina de cuatro hojas que hablan, y en una tabla que recorre cada elemento con su movilidad y su carencia. Si la tuya es la del hierro, la pregunta que sigue es por qué falta en un árbol bien abonado.

Falta de hierro en bonsái: el hierro que la raíz no alcanza

El hierro interviene en la síntesis de la clorofila y en las enzimas respiratorias, y sin él la hoja nueva no se pone verde. Con agua dura, el hierro está en el sustrato y la raíz no puede tomarlo. Pasado un pH de 7,5, hierro, manganeso y zinc se vuelven formas que la raíz ya no puede tomar, aunque sigan en la maceta.

Ese pH alto suele llegar con el agua dura, rica en calcio y magnesio, frecuente de México a la costa del Perú. Las zonas que señala el libro, y cómo se corrige el agua en cada una, están en la guía de agua para regar bonsái.

Por eso la clorosis férrica aparece en árboles que hacen todo bien. Más abono no la arregla. Lo que confirma la sospecha es medir el pH del agua de riego: si pasa de 7,5, el hierro está bloqueado. Con el diagnóstico hecho, hay dos tiempos para tratarla.

Hierro quelatado para bonsái: la corrección de emergencia

La corrección de emergencia es el hierro quelatado. Se aplica por vía foliar o al riego, salta el bloqueo del sustrato y restaura la síntesis de clorofila en días. El libro distingue dos formas: el Fe-EDDHA es el que mejor resiste el pH alto, y el Fe-EDTA funciona con pH moderado.

La corrección de fondo va al agua de riego: bajarla a pH 6–6,5 o cambiarla por agua de lluvia. Cómo se hace cada cosa está en la guía de agua para regar bonsái; aquí basta saber que, mientras el agua siga dura, el quelato es la emergencia.

Las dos se complementan. El quelato restaura la síntesis de clorofila en días y el agua corregida evita que la clorosis vuelva. En el botiquín del libro, el hierro quelatado comparte estante con el medidor de pH. Antes de abrir el frasco, conviene asegurarse de que el amarillo es este.

Las otras hojas amarillas que se parecen a la clorosis

Hay hojas amarillas que piden lo contrario del hierro. Si son blandas, caen del interior de la copa hacia fuera y el sustrato está húmedo todo el día, sobra agua. Se deja secar y se revisa el drenaje.

Si el árbol además se ve sediento con el sustrato mojado, la sospecha es la raíz. La pudrición tiene olor a estanque y se confirma sacando el cepellón. La guía de las hojas que se caen recorre ese diagnóstico entero.

La hoja vieja que amarillea pareja, de punta a base, apunta a falta de nitrógeno o a exceso de agua. Primero se revisa el riego, y se abona si procede. La tabla de síntomas del capítulo XV del Tomo I separa la clorosis férrica de las plagas con una nota: se confirma con el pH del agua.

Queda un último parecido, y es el más traicionero, porque sale de abonar de más.

Lámina en cuatro viñetas del mismo árbol en su maceta: hojas algo caídas con luz de tarde; hojas caídas por la mañana; hojas amarillas que caen del interior sobre el sustrato oscuro; una alfombra de musgo verde brillante en la superficie
Lámina del Tomo I · Lectura rápida del árbol por las hojas y el musgo.

Bordes quemados y costra blanca: cuando sobra en vez de faltar

Una hoja con el borde quemado y una costra blanca sobre el sustrato cuentan otra historia. Es acumulación de sales. El libro advierte que el exceso se diagnostica peor que la carencia, porque se parece a muchas cosas.

Las señales se reconocen juntas. Puntas quemadas y costra: sales. Hojas enormes, entrenudos largos y ramas blandas que no aguantan el alambre: exceso de nitrógeno. Los bordes quemados en hojas viejas, amarillos primero, pueden ser también falta de potasio.

El tratamiento del exceso es uno. Se riega en abundancia hasta que el agua salga clara, se quitan las canastillas de abono y el árbol pasa un mes sin abono.

Leer bien la hoja ahorra el frasco equivocado. En el Tomo I, cada nutriente tiene su fila: para qué lo usa el árbol, si viaja dentro de la planta y en qué hoja se nota cuando falta.

Lámina en tres viñetas: costra blanca de sales sobre el sustrato y una hoja con la punta quemada; la regadera vierte agua hasta que sale a chorro por el drenaje; unos dedos retiran las canastillas de abono de la superficie
Lámina del Tomo I · Lavar el sustrato cuando se acumulan sales.

En tu clima

La clorosis férrica sigue al agua dura. Esta tabla dice qué mirar en la hoja en cada zona; cómo corregir el agua de cada una está en la guía de agua para regar bonsái.

México (centro y norte)
Brote nuevo amarillo con venas verdes en un árbol bien regado: sospecha primero del agua y después del abono.
España (litoral mediterráneo)
Zona de agua dura para el libro. Hoja nueva con venas verdes apunta a hierro; si además salen puntos muertos, a manganeso.
Perú (costa)
Agua dura y poca lluvia. Si el brote nuevo sale amarillo con venas verdes, mide el pH del agua antes de cambiar de abono.
Chile (valle central)
Agua dura y verano seco. Distingue la clorosis de las puntas quemadas con costra blanca, que son sales y se lavan.
Argentina (interior)
Muchas ciudades del interior tienen agua dura. La clorosis férrica pinta la hoja nueva; si amarillea la vieja, la tabla del libro lleva a otras carencias.
Trópico (costas, tierras bajas y altura)
Fuera de la lista de agua dura del libro. Aquí el riesgo del clima es el exceso de agua, que también amarillea la hoja. Mide el pH si el brote nuevo amarillea con venas verdes.

Errores frecuentes

  1. 1
    Abonar más

    La clorosis férrica aparece en árboles bien abonados. Mide el pH del agua antes de añadir nada.

  2. 2
    Tratarla como plaga

    Se confirma con el pH del agua, sin lupa ni insecticida, y se corrige con hierro y agua.

  3. 3
    Confundirla con exceso de agua

    El exceso de agua se ve en hojas blandas y amarillas del interior de la copa, con el sustrato mojado todo el día. La clorosis férrica pinta la hoja nueva.

  4. 4
    Quedarse en el quelato

    El hierro quelatado es la emergencia. El fondo es el agua de riego.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la clorosis en un bonsái?

Hoja que amarillea por falta de clorofila. En bonsái la más frecuente es la férrica: hoja nueva amarilla con venas verdes, por hierro que la raíz no puede tomar.

¿Cómo se corrige la clorosis férrica en un bonsái?

Con hierro quelatado, foliar o al riego, que restaura la síntesis de clorofila en días; el Fe-EDDHA resiste mejor el pH alto. De fondo, con agua acidificada a pH 6–6,5 o agua de lluvia.

¿Por qué mi bonsái tiene hojas amarillas con las venas verdes?

Si son las hojas nuevas, apunta a hierro o manganeso; si son las viejas, a magnesio. Donde el agua es dura, lo más común es el hierro.

¿El agua de la llave puede causar clorosis?

Puede, si es dura: por encima de pH 7,5 el hierro precipita y la raíz no lo absorbe. Un medidor de pH de acuario lo confirma.

¿Cuánto tarda un bonsái en recuperar el verde?

El libro dice que el hierro quelatado restaura la síntesis de clorofila en días. Si el agua sigue dura, hay que corregir el riego para que el amarillo no vuelva en el brote siguiente.

Los dos tomos de Hice mi bonsái
Hice mi bonsái · Y no se termina: se hereda.

Hice mi bonsái · Tomo I · El Árbol

Una hoja amarilla admite varias lecturas, y cada una pide otra mano. El Tomo I trae la tabla de los nutrientes con su movilidad y su carencia, la lámina de las cuatro hojas que hablan, el pH y el agua dura, y el botiquín donde el hierro quelatado tiene su sitio. Con eso, el frasco que abres es el correcto.

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Fuente: Hice mi bonsái, Tomo I, cap. VI (Qué come un árbol; El pH y el agua dura; Lo que las hojas te dicen sobre el exceso), VII (Lectura rápida del árbol; La calidad del agua) y XV (tabla de síntomas; botiquín), de Emmanuel Sato. Cada dato de esta guía sale del libro, donde lleva su referencia. Actualizada el 7 de octubre de 2026.

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