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Guía · Hice mi bonsái

Agua para regar bonsái: lo que trae la llave y cómo se corrige

Por Emmanuel Sato, autor de Hice mi bonsáiActualizada el 7 de octubre de 20265 min de lectura

El agua para regar bonsái funciona mejor blanda: la de lluvia recogida en temporada, o la de la llave reposada veinticuatro horas para que se vaya el cloro. Si tu agua es dura, se acidifica hasta un pH de 6 a 6,5 con el medidor en la mano. La pregunta es cuánta cal lleva la tuya.

Seis bonsáis en macetas sobre una banca de madera en una azotea al atardecer, con una regadera de metal y una manguera enrollada en el suelo y la ciudad al fondo

Agua para regar bonsái: la firma blanca que deja la llave

Un día pasas el dedo por el borde de la maceta y sale blanco: una costra fina, como de sarro, sobre el barro y los granos de la superficie. Es lo que el agua de tu ciudad dejó al evaporarse.

El agua de la red es dura en buena parte de las ciudades hispanas: rica en calcio y magnesio, y casi todas las veces clorada. La dureza sube el pH y bloquea el hierro. Riego a riego, deja esa costra en la superficie del sustrato y en el borde de la maceta. El libro le dedica una lámina y la llama así: la firma que deja el agua dura.

El cloro hace menos ruido. En las dosis de la red no mata un árbol, pero si llega en cada riego afecta a la vida microbiana del sustrato y a las micorrizas, los hongos que trabajan pegados a la raíz. Las dos cosas se corrigen en casa. Antes conviene saber en qué momento la cal deja de ser una mancha y empieza a quitarle comida al árbol.

Agua dura y bonsái: lo que cambia por encima de pH 7,5

El pH decide qué nutrientes puede tomar la raíz. Entre 6 y 7, casi todo está disponible. Por encima de 7,5, el hierro, el manganeso y el zinc precipitan en formas que la raíz no absorbe, aunque estén en el sustrato.

El libro nombra los lugares donde eso es frecuente: el centro y el norte de México, el litoral mediterráneo español, la costa peruana, el valle central de Chile y muchas ciudades del interior argentino. Si riegas en alguno de ellos, el asunto deja de ser teoría.

El síntoma tiene cara propia: hoja nueva amarilla con las venas verdes, en un árbol bien abonado y bien regado. Se llama clorosis férrica, y la guía de clorosis en bonsái explica cómo separarla de las otras hojas amarillas. El sustrato de bonsái complica el cuadro, porque es inerte y no amortigua el pH.

Esa hoja es una señal entre muchas. El capítulo VI del Tomo I trae la tabla de los catorce elementos que el árbol toma del sustrato, con lo que hace cada uno y dónde se ve cuando falta. Para empezar basta un medidor de pH de acuario, que cuesta poco y evita años de diagnósticos equivocados. Con él en la mano, la primera corrección casi no cuesta nada.

Agua de la llave para bonsái: el cubo de veinticuatro horas

La primera solución es la más sencilla. Llena un cubo o la regadera con agua de la red y déjala reposar veinticuatro horas en un recipiente abierto. En ese tiempo el cloro se evapora.

Funciona mejor como costumbre que como remedio. Quien riega hoy con la regadera que llenó ayer ya tiene el agua lista. Pide dos recipientes y un rincón del patio donde no estorben, y nada más.

El reposo se ocupa del cloro. La cal sigue en el agua, y para ella el libro da tres salidas más: una baja del techo cuando llueve, otra se mide con el medidor de pH y la última, la ósmosis, queda para colecciones valiosas.

Lámina en tres viñetas: un cubo verde con agua reposa junto a una valla de madera; un barril recoge la lluvia que baja de un canalón; una mano riega con regadera de roseta una azalea en flor en su maceta
Lámina del Tomo I · Preparar el agua de riego: reposarla al aire y recoger la de lluvia.

Agua de lluvia para bonsái: blanda y casi perfecta en temporada

Por la bajada del techo de casi cualquier casa corre, en la temporada de lluvias, el agua que el bonsái agradece. Es blanda y ligeramente ácida. El libro la llama casi perfecta, y en esos meses es abundante en cada región.

Para recogerla basta un barril o un bidón debajo del canalón. Con esa reserva riegas mientras dura, y en la estación seca vuelves a la llave reposada o corregida.

Algunos árboles la notan más que otros. Las azaleas, algunos quercus y los sustratos ácidos como el kanuma piden agua ácida, y agradecen especialmente cualquiera de estas medidas. Si tienes uno de ellos, la lluvia es lo primero que conviene guardar.

Pero la lluvia se acaba y la llave sigue ahí. Para esos meses queda corregir el pH con método.

Cómo acidificar el agua de riego midiendo el pH

Acidificar se hace con una jarra, un gotero y el medidor. Mide primero el agua de la red. Si marca más de 7,5, añade unas gotas de vinagre o de ácido cítrico por litro y vuelve a medir, hasta dejarla entre 6 y 6,5.

El orden pesa más que la receta: medir, corregir, comprobar. Las gotas que hacen falta dependen de tu agua, y por eso el libro da el punto de llegada en pH: entre 6 y 6,5, comprobado con el medidor.

Para el árbol que ya amarillea existe una corrección de emergencia: el hierro quelatado, que salta el bloqueo y restaura la síntesis de clorofila en días. El arreglo de fondo, dice el libro, está en el agua de riego.

Queda una última opción para casos contados. Filtrar por ósmosis inversa y remineralizar el agua tiene sentido en colecciones valiosas. Para casi todos alcanzan el cubo, el barril y el medidor. Y una vez corregida, el agua también se tiene que echar bien.

Lámina en tres viñetas: una mano deja caer gotas de un gotero en una jarra de agua; un medidor de pH sumergido en la jarra; una mano riega con regadera un bonsái junto a un barril que recoge agua de lluvia
Lámina del Tomo I · Acidificar el agua de riego y comprobarlo con el medidor de pH.

Cómo regar con agua dura sin que se acumulen las sales

Con agua dura, la manera de regar cuenta tanto como el agua. El libro pide pasar dos o tres veces por la maceta, con roseta fina, hasta que el agua escape a chorro por los agujeros del fondo. La primera pasada moja la superficie, la segunda satura y la tercera lava sales.

El riego corto hace lo contrario. Si moja solo los dos centímetros de arriba, enseña a las raíces a quedarse arriba y deja el fondo seco durante semanas. Después de un riego a fondo, deja que el sustrato vuelva a pedir: mojado, casi seco, mojado. Ese ciclo le da a la raíz agua para beber y aire para respirar.

Cuando la costra blanca aparece junto a puntas de hoja quemadas, ya se trata como exceso de sales. Toca un lavado a fondo: mucha agua, hasta que el drenaje la devuelva limpia, fuera los abonos sólidos y un mes sin abonar.

El capítulo VII del Tomo I es corto de teoría y largo de consecuencias. Cierra con los cinco climas del español, cada uno con su ventaja, su riesgo principal y su ajuste, y esa tabla dice qué cambia en tu riego según dónde vives. Aquí va la versión corta para el agua.

En tu clima

El agua de la red cambia de una ciudad a otra, y el libro nombra dónde suele ser dura. Así se lee cada zona.

México (centro y norte; tierras altas y árido)
Agua de red dura en buena parte del centro y del norte. En el centro, las lluvias de verano llenan el barril; en el norte árido llueve poco, y manda la llave reposada y, si el medidor pasa de 7,5, acidificada.
España (litoral mediterráneo)
El libro sitúa aquí el agua dura. Verano largo y seco, lluvias en el invierno fresco: el barril se llena en la estación fría y el medidor manda el resto del año.
Perú (costa árida)
Agua dura y lluvia escasa, con meses de neblina sin lluvia. Queda el método de la llave: reposo y acidificación hasta pH 6–6,5, midiendo.
Chile (valle central, mediterráneo)
Agua dura según el libro. Lluvia para recoger en invierno y agua corregida con medidor en el verano seco.
Argentina (ciudades del interior)
Muchas tienen agua dura. Mendoza y la pampa occidental son mediterráneas, como Chile; en el Cuyo bajo, árido, llueve poco y el medidor decide.
Colombia (Bogotá, Medellín y tierras bajas)
El libro no la incluye en su lista de agua dura; el medidor dice cómo es la de tu ciudad. El año se ordena por lluvias y seca, y la temporada de lluvias llena el barril.

Errores frecuentes

  1. 1
    Tomar la costra blanca por un hongo

    Es cal del agua o sales del abono. Mide el pH del agua y, si hay puntas quemadas, lava el sustrato.

  2. 2
    Echar hierro y seguir con la misma agua

    El hierro quelatado es la emergencia. El arreglo de fondo es acidificar el agua o regar con lluvia.

  3. 3
    Acidificar a ojo

    Unas gotas por litro y medir hasta 6–6,5. Sin medidor no sabes si llegaste o te pasaste.

  4. 4
    Regar por encima

    Un riego que moja dos centímetros deja seco el fondo. Pasa dos o tres veces, hasta que salga a chorro.

Preguntas frecuentes

¿Se puede regar un bonsái con agua de la llave?

Sí. Déjala reposar veinticuatro horas en un recipiente abierto para que se evapore el cloro y, si el medidor marca más de 7,5, acidifícala hasta pH 6–6,5.

¿El agua de lluvia es buena para el bonsái?

Sí: es blanda, ligeramente ácida y, en temporada, casi perfecta según el libro. Se recoge con un barril bajo el canalón.

¿Cuánto vinagre se le pone al agua de riego?

Unas gotas de vinagre o de ácido cítrico por litro, midiendo, hasta llegar a pH 6–6,5. La cantidad exacta depende de tu agua.

¿El cloro del agua daña al bonsái?

En las dosis de la red no mata un árbol. Si llega en cada riego afecta a la vida microbiana del sustrato y a las micorrizas; un día de reposo lo evapora.

¿Qué es la costra blanca en la maceta del bonsái?

Cal que deja el agua dura al evaporarse, o sales acumuladas del abono. Si el agua mide más de 7,5, corrígela; si además hay puntas quemadas, lava el sustrato.

¿Sirve el agua de ósmosis para regar un bonsái?

Sirve filtrada por ósmosis inversa y remineralizada, y el libro la reserva para colecciones valiosas. Para la mayoría alcanza con reposar, recoger lluvia o acidificar.

Los dos tomos de Hice mi bonsái
Hice mi bonsái · Y no se termina: se hereda.

Hice mi bonsái · Tomo I · El Árbol

Lo que sale de la llave cambia de una ciudad a otra, y el árbol lo anota en cada hoja nueva. El Tomo I dedica el capítulo VII al agua: la regla que sustituye a todos los calendarios, cuándo cambia, la calidad del agua, la luz y los cinco climas del español. El capítulo VI suma el pH, el agua dura y la tabla de lo que come un árbol de verdad.

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Fuente: Hice mi bonsái, Tomo I, cap. VI (El pH y el agua dura; Lo que las hojas te dicen sobre el exceso), VII (La regla que sustituye a todos los calendarios; La calidad del agua; Los climas del español) y XV (Un botiquín razonable), de Emmanuel Sato. Cada dato de esta guía sale del libro, donde lleva su referencia. Actualizada el 7 de octubre de 2026.

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