Qué le pide un bonsái al sustrato: aire y despensa
En una maceta de bonsái, la raíz tiene que beber, respirar y comer en un volumen minúsculo, y ninguna de las tres cosas puede arruinar a las otras. El sustrato decide si caben.
El aire se mide como porosidad llena de aire: el porcentaje del volumen que queda con aire después de regar a saturación y dejar drenar. Un buen sustrato de bonsái ronda el 20–30 %; la tierra de jardín en maceta, a menudo, menos del 5 %. Sin aire, el CO₂ se acumula, prosperan los hongos anaerobios y la raíz muere de dentro afuera.
La despensa se mide como capacidad de intercambio catiónico: superficies con carga negativa que retienen potasio, calcio, magnesio y micronutrientes y los ceden poco a poco. Con capacidad alta, el sustrato guarda; con capacidad casi nula, es un colador y todo se va por el drenaje.
Ahí está la tensión de todo sustrato: los materiales más aireados suelen guardar menos, y los que guardan más retienen más agua y se degradan antes. La akadama se inclina hacia la despensa, y eso tiene un precio.