Si está viva pero quieta: qué la detiene
Una planta con corona firme, alguna raíz sana y hojas tersas que no hace nada suele estar esperando una condición. La Phalaenopsis come de noche, en una banda de 15 a 25 °C: junto a un vidrio frío del altiplano o en una cocina del trópico con noches de 28, deja de producir y se ve igual semana tras semana.
La flor tiene otro interruptor. Sale cuando el día pasa varias semanas por debajo de unos 23 °C; con días de 29, no sale, por fresca que sea la noche. Mientras tanto, la planta parece dormida.
La luz cuenta igual. Una planta sobre la mesa, a dos metros de la ventana, vive y no florece. Con la mano abierta a unos treinta centímetros sobre las hojas a mediodía, una sombra suave y gris marca su rango; si casi no hay sombra, falta luz.
Lo que más daño hace a una planta así es el cariño: regarla más o abonarla para que reaccione. Una planta que no crece no consume agua ni sales, y las dos se acumulan en la maceta. El capítulo V del libro explica esa noche en que la planta come, y el capítulo XIV, el rescate de la que perdió raíces o corona, con los casos que no se salvan.