Si ya pasó la época de injertar
Si ya pasó, no se fuerza. Se apunta la fecha, se cuida el patrón y se espera, porque el patrón no se va a ninguna parte. Quien vive con dos estaciones claras tiene una ventana nítida. Quien vive en el trópico tiene una ventana larga, marcada por la lluvia. Ninguno de los dos se salva de mirar el árbol: la corteza que se despega con la navaja es la única señal que no engaña.
Antes de cada injerto, el Tomo I pide tres comprobaciones. ¿Los dos árboles están en la misma fila de la tabla de compatibilidades? ¿La yema viene de un árbol que ya da, sano y, si es cítrico, de material permitido en tu zona? ¿Es la época de esa especie en tu hemisferio? Si una falla, ese día no se injerta.
Al segundo año, una libreta con fecha, patrón, variedad, técnica y resultado sabe más de tu balcón que cualquier tabla. Sabe, por ejemplo, en qué semana se despega la corteza de tu limonero. El capítulo X del Tomo I termina con esa libreta, después de la tabla de épocas por hemisferio.