La clivia que solo da hojas
La clivia del patio lleva años en la misma maceta de barro. Cada temporada abre un par de hojas nuevas, anchas y brillantes, en abanico, como una baraja de cartas verdes. La vara naranja que traía cuando llegó no ha vuelto.
Es Clivia miniata, una planta de Sudáfrica y Suazilandia. En el mapa de llaves del Tomo I va en la fila del frío, junto a la azalea, con una nota que la separa del resto: en la clivia pesa también el número de hojas.
El libro llama llave a la suma de dos cosas. La señal, que le dice a la planta cuándo florecer, y la reserva, el azúcar que fabrican las hojas con la luz. Sin reserva, la señal llega a una planta sin con qué responder. Sin señal, la reserva se gasta en hojas.
Una clivia sana que solo da hojas está gastando su reserva en eso. Pero cuál de las dos piezas le falta es justo lo que discuten las fuentes.