Dos investigadores llenaron recipientes de distinta forma con la misma mezcla, los regaron, los dejaron escurrir y midieron el aire. En una maceta de vivero quedó un 28 % de aire; en la celda pequeña de un semillero, un 12 %.
La razón está abajo. Tras cada riego, el fondo de cualquier maceta queda empapado, porque la mezcla de abajo retiene su agua hasta que la columna de encima pesa lo bastante para vaciarla. Si la maceta es alta, esa franja se queda en una parte pequeña del total. Si es baja o diminuta, se come casi todo el volumen.
De ahí sale la regla práctica del libro: una maceta chica y baja pide un grano todavía más grueso. Y la otra mitad, que pone la RHS: si la maceta queda enorme para la planta, la tierra que la raíz no alcanza sigue húmeda y puede pudrirla.
Con la forma y el tamaño bien elegidos, queda la mezcla. La RHS acepta la mezcla para cactus que se vende hecha; si la preparas tú, dos medidas de sustrato con tierra y una de grava hortícola o arena de grano grueso. Con ella en todo el volumen, la capa de piedras ya no tiene trabajo que hacer.