El calor mueve el reloj del anturio
Los investigadores miden su crecimiento en grados-día. El anturio deja de crecer por debajo de 14 °C, así que 14 es su suelo. Cada día suma los grados que la temperatura media pasa de ese suelo: un día a 24 °C le suma 10, y un día a 14 °C, cero.
Con esa cuenta, un anturio joven necesitó 2 143 grados-día desde la plantación hasta su primera flor. En la misma fase juvenil, el tiempo entre una hoja y la siguiente se acortó de 680 a 280 grados-día. En una casa que promedie 24 °C, eso son unos siete meses; a 20 °C, casi un año. Es una cifra de planta joven, y el estudio no da el reloj del adulto. Lo que sí se traslada es la dirección: más calor, dentro de su rango, mueve el reloj más deprisa.
El rango tiene techo. Por encima de 35 °C, con luz intensa, el anturio se quema y el botón aborta o sale deforme. El capítulo XVI vuelve a ese botón que se pierde, con las demás plantas del libro.
El frío también deja marca. En flor cortada, el anturio sufre daño por debajo de 12 °C, y la resistencia cambia mucho según la variedad. Es un dato de flor cortada, y sirve de aviso para la planta junto a una ventana en una noche fría.
Con calor, el anturio saca hojas. Para que esas hojas paguen flores falta la luz, y aquí el libro reconoce un hueco.